dissabte, 24 d’agost de 2013

¿Es lo perfecto, siempre y en cualquier lugar, enemigo de lo bueno?

En el contexto de una situación que presenta inquietantes similitudes con acontecimientos que tuvieron lugar al norte hace más de treinta años, Cataluña amenaza actualmente con separarse de España. Al hacerlo, parece que la región esté poniendo en riesgo el futuro del país donde se encuentra y con ello el futuro del euro y el proceso de unificación europea.

Obviamente, el paralelismo se da con el impulso al proceso de independencia báltico y su impacto sobre el desafortunado intento de Mijaíl Gorbachov de reformar pacíficamente una Unión Soviética en proceso de desintegración. Como dijo Aleksandr Yakovlev, uno de sus colaboradores más cercanos por aquel entonces, las ideas de quienes pretendían conseguir la independencia estaban “fuera de la realidad” y cualquier expectativa de que las Repúblicas Bálticas pudieran recuperar la independencia que tenían antes de la anexión soviética en 1940 era “sencillamente poco realista”. Incluso en febrero de 1991, el propio Gorbachov seguía considerando ilegal la votación lituana—calificada por los líderes de los países como una encuesta de opinión no vinculante—y ello pocos días antes de que tuviera lugar.

¿Les suena? Debería ser así, ya que estos mismos argumentos se esgrimen actualmente en otro lugar de Europa. No es sólo la Administración española la que opina que cualquier votación celebrada en Cataluña sobre la conveniencia de separarse o no de España sería ilegal, sino que las actitudes de los que están fuera del país están condicionadas en gran medida no por los méritos u otros aspectos del caso catalán, sino por el temor de lo que pueda sucederle a España si Cataluña se marcha. Pese a que los catalanes se dedican a divulgar entre ellos el convencimiento de que un nuevo estado sería viable económicamente, pocos de los que están fuera dudan de que así sea. Por ejemplo, el anterior economista jefe del FMI, Kenneth Rogoff, comentó hace poco que Cataluña es por sí misma una de las regiones más ricas de Europa. Simplemente una obviedad. Lo que realmente preocupa a los observadores externos es la posterior viabilidad de España, y con ello el futuro del euro. Parece que la cuestión está en que si España es demasiado grande para que se permita su caída, Cataluña es demasiado pequeña para tener derechos inalienables.

Creo que es por este motivo que la causa catalana despierta pocas simpatías más allá de los límites de lo que se denomina a menudo el “Principado”. Muchos creen que Cataluña es egoísta—igual que lo pensaron en su momento de los ciudadanos de los países bálticos—ya que pone sus propios intereses (una fiscalidad más equitativa, el derecho a un equipo nacional de fútbol) por delante de los colectivos (recuperación económica, más unidad política en Europa, etc.).

Pero esta manera de ver las cosas es básicamente imperfecta, como lo fue en Estonia, Letonia y Lituania. El movimiento a favor de la independencia de Cataluña es ante todo y desde su núcleo central, un movimiento democrático. Por ello, lo que debería preocupar al mundo exterior no es si el Gobierno central de Madrid considera legal la consulta, o si los catalanes tienen buenos argumentos. Si los catalanes votan de manera pacífica y democrática, y con una mayoría significativa, que quieren crear un estado aparte, es evidente que son contados los días en que esta región estará dentro de las fronteras del Reino de España. Salvo que se retenga a los catalanes dentro de esas fronteras mediante la fuerza, en cuyo caso se cuestionarán algunos de los principios fundamentales del Tratado de Europa. De ahí el dilema fundamental que plantea a toda la Unión Europea el movimiento pro-independencia de Cataluña.

En estas circunstancias, los observadores externos deberían fijar su atención en cuál será el resultado de la votación. Después de todo, lo que los catalanes piden actualmente es “el derecho a decidir”, y serán ellos los que decidirán finalmente. Como dice la célebre cita: “Mi país, tanto si está en lo cierto como si está equivocado”.

Aquí nada es inevitable. Como en el caso de la salida de Grecia del euro, más allá de lo conveniente no existen límites jurídicos ex ante respecto a los límites de lo posible. Lo que es importante para todos es que la solución definitiva sea ordenada y pacífica.

En este contexto, mensajes tales como que el nuevo país, en caso de que se cree, debería solicitar su adhesión a la Unión Europea no son más que palabrería, igual que las manifestaciones de la administración española asegurando que vetarían esa solicitud son sólo vanas amenazas. Esos comentarios están fuera de la realidad. Son sólo un mal e ineficaz intento de alterar el resultado de la votación. Al presidente Mas de Cataluña, no le falta razón cuando afirma que los redactores de discursos del Partido Popular son una fábrica de independentistas.

Si la deuda soberana de España ya está en una situación insostenible, ¿cuánto menos sostenible sería si el PIB del país se redujera de repente en un 20%? El sentido común dice que hay que entablar negociaciones en las que se pida a Cataluña que acepte una parte de la deuda preexistente, igual que el sentido común indica que el sistema financiero de Cataluña, con unos activos por un valor aproximado de 500.000 millones de euros (mucho mayor que su equivalente griego) sería autorizado a permanecer en el eurosistema. Las alternativas—y sus consecuencias mucho más allá de las fronteras de Europa—son impensables. Por supuesto que a veces sucede lo impensable, especialmente cuando la mayoría de los actores clave creen que no será así. Cataluña ha decidido celebrar una especie de “consulta” o “encuesta de opinión” durante 2014. Como en el caso de Lituania, el resultado puede no ser vinculante, pero algunos se sentirán 94 • ¿Es lo perfecto, siempre y en cualquier lugar, enemigo de lo bueno? contentos por el hecho en sí, y considerarán que el resultado no será significativo ni incluso decisivo, para el futuro de Europa a corto plazo.

Como he dicho, aquí nada es inevitable ni se puede predecir. Pero evitar la predestinación implica enfrentarse a los hechos y no, como ha hecho recientemente en el contexto griego la directora general del FMI, Christine Lagarde, expresar un deseo. Y en este caso los hechos son que el diálogo entre Cataluña y el resto de España se ha roto. Los catalanes están cansados de que no se les escuche, mientras que el resto de España está cansado de los catalanes y de sus constantes peticiones de más autonomía. En un extremo está el “cansancio español” y en el otro el “agotamiento catalán”. Se ha traspasado el punto en que se puedan buscar y encontrar internamente soluciones ordenadas.

La mayoría de los observadores externos esperaban que el Gobierno central hiciera alguna clase de oferta después de las elecciones catalanas, pero después de interpretar el resultado como un revés y una derrota del presidente Mas, la única “oferta” enviada a Barcelona fue “españolizar” a los niños mediante la reforma del sistema educativo catalán, lo que ha unido a los catalanes alrededor de su nuevo gobierno. Por ello, es crucial una intervención decisiva por parte de los líderes políticos europeos. Les guste o no, no tienen otra alternativa que convertirse en intermediarios en la búsqueda de soluciones viables. De lo contrario, ignorarlo sólo propiciará lo que todos desean evitar.

No es casualidad que los países bálticos vieran que había llegado su oportunidad justo en el momento de mayor debilidad rusa, y que los catalanes vean la única posibilidad real de lograr su objetivo de tener un estado propio cuando España está llegando al límite y posiblemente en situación de declive terminal. Algunos, reconfortados por los escritos de Francis Fukuyama, creen que lo que sucede en España es simplemente un desafortunado contratiempo en el difícil camino de llegar a ser una democracia madura, pero hay otras lecturas posibles más sombrías.

Esta crisis no es sólo cíclica o coyuntural, y existe una posibilidad real de que los problemas del país sean tan complejos que los líderes españoles no puedan solucionarlos sin recurrir al impago como en Argentina. Es precisamente la falta de confianza en la capacidad de la clase política española para resolver la desesperada situación económica del país y la creciente frustración ante la insistencia permanente de que todo irá bien a partir de mañana lo que impulsa a los catalanes hacia la puerta de salida. Si el edificio se quema, no quieren que les coja dentro. Como solía cantar Janis Joplin, a veces la libertad es “sólo otra manera de decir nada que perder”.

En las críticas semanas y meses venideros, creo que es importante que todos los participantes tengan presente que cuando tuvieron lugar las votaciones bálticas, y cuando el declive de Gorbachov fue inevitable, las actitudes hacia los nuevos países cambiaron rápidamente. Actualmente los tres son miembros consolidados de la Unión Europea, y el pasado es simplemente eso, el pasado. Muchos catalanes me dicen que lo que hacen no es por ellos sino por sus hijos y nietos. Unos pocos años de turbulencia económica, considerados en esa escala temporal, parecen poca cosa. En interés del bien común, es preciso encontrar soluciones—soluciones que puedan satisfacer las aspiraciones de los catalanes y también garantizar la estabilidad en Europa. Si no empiezan pronto a buscarlas, el tiempo se agotará inexorablemente y lo probable se convertirá en inevitable. Nos lo dice la simple aplicación de las reglas de la teoría de juegos. No se puede perder ni un día. Ustedes saben que tiene sentido.

Aixó es una traducció al castellà del capitol que vaig contribuir al llibre What's up with Catalonia, editat per Liz Castro i l'editorial Catalonia Press.

dilluns, 19 d’agost de 2013

Quedar-se amb els braços plegats no és una opció!

Les últimes propostes de l’FMI per promoure el creixement i la creació de llocs de treball a Espanya mereixen, com a mínim, que es prenguin en consideració.

En el seu blog oficial, el comissari europeu d’Economia, Olli Rehn, defensava la proposta del Fons Monetari Internacional (FMI) per a Espanya sobre un pacte social que incloïa una retallada del 10% en els salaris. Per fer-ho, Rehn citava una famosa frase de Bob Dylan: “Alguna cosa està passant, però no saps què és”.

Evidentment, Rehn feia referència a l’ambient d’incertesa que envolta el procés de recuperació de l’economia espanyola. Però aquesta mateixa frase també podria servir per descriure la reacció generalitzada de la societat espanyola davant les propostes de l’FMI. Des del patronal, passant pels sindicats, fins al govern i l’oposició, la reacció ha estat la mateixa: “Alguna cosa està passant i no volem saber què és”.

I dic “no volem” perquè la majoria de comentaris que he llegit a la premsa espanyola tenen poc a veure amb els arguments presentats, ni tan sols a l’hora d’intentar entendre’ls. Alguns periodistes s’han centrat únicament en els sous que guanyen els economistes del mateix FMI (que, últimament, s’han incrementat).

D’altres, citant l’exemple d’un representant del govern brasiler que es va negar a donar suport a l’últim pagament per a Grècia, asseguren que aquesta institució no és democràtica, ja que les potències emergents no hi estan degudament representades. És igual si el que realment denuncien aquestes potències és la influència d’Europa en les polítiques de l’FMI, que consideren excessiva, i es queixen d’un optimisme simplista. El premi a la irrellevància se l’enduu, sens dubte, un periodista de La Razón que va creure convenient dedicar tot un article al fet que els salaris alemanys han augmentat un 20% més que els espanyols durant la crisi.

No estic segur que aquest darrer punt hi tingui res a veure, però el que sí és cert és que tots els arguments exposats comparteixen una mateixa característica: no acaben d’adonar-se que, en realitat, Espanya està sumida en una profunda crisi. Ignoren el fet que l’atur, sobretot entre els més joves, ha arribat a unes xifres inacceptables; que el futur del país marxa cada dia en avió, vaixell o tren; que la perspectiva de creixement econòmic és tristament fràgil i que, bé, és necessari que es faci alguna cosa d’una vegada per totes.

Tal com indica el cap de la missió espanyola de l’FMI; James Daniel “Veiem una recuperació, però una recuperació molt dèbil”.

El que l’FMI vol dir és que, si la situació es deixa tal com està, el creixement econòmic no serà suficient per produir un canvi significatiu en la taxa d’atur. En conseqüència, i segons les previsions de l’FMI, si es continua amb les polítiques actuals l’índex de desocupació a Espanya arribarà al 25% l’any 2018.

L’FMI també destaca que la crisi hagi tingut un impacte tan desigual en la societat espanyola, fent que els joves menors de 30 anys, que tenen ben poca responsabilitat sobre la situació actual, siguin els que n’hagin pagat un preu més alt. Vist així, no és gens sorprenent que tants joves decideixin marxar a l’estranger buscant un futur millor. Seguir sense feina l’any 2025 no és una perspectiva gaire engrescadora!

S’ha fet molt per protegir membres de la nostra societat que, com jo, tenim més de 60 anys, però cal recordar que la independència del nostre país no representa cap amenaça per a les pensions del futur: la veritable amenaça és que no quedin prou joves aquí per pagar-les!

Tal com exposa James Daniel, per evitar aquesta catàstrofe el creixement “ha de ser més fort i produir més llocs de treball”. Això implica que s’hagi d’actuar en diferents àmbits, entre els quals s’hauria d’incloure “una flexibilitat salarial més gran que produeixi més llocs de feina” i proporcioni “un entorn més just i igualitari entre aquells que tenen una feina fixa i aquells que tenen feines temporals”. Us sona d’alguna cosa?

Aquesta setmana vaig tenir l’ocasió de parlar amb un periodista d’Estònia, un país que ha experimentat un progrés polític amb el qual molts catalans voldrien identificar-se. Em va explicar que, a Estònia, les persones entre 30 i 35 anys són les que tenen un salari promig més alt, mentre que a Espanya els treballadors més ben pagats tenen entre 50 i 59 anys. En termes econòmics, això no té cap sentit i resulta contraproduent si el que realment volem és un país obert a la iniciativa, la creativitat, l’emprenedoria i la imaginació.

La proposta de l’FMI està a favor d’una nova sèrie de “pactes de La Moncloa” que estableixin no només reduccions salarials, sinó també que el patronal adquireixi un compromís ferm per generar un determinat numero de llocs de treball alhora que s’implanten mesures per abaratir els preus.

És l’anomenada “devaluació interna” que macroeconomistes com Paul Krugman, Dani Rodrik i jo mateix hem estat defensant ara ja fa sis anys. No és un pla perfecte, i tenir l’euro com a moneda no facilita les coses gens, però és millor que quedar-se sense fer res, mirant i esperant mentre la situació empitjora. És una opció que valdria la pena tenir en compte en comptes de descartar-la automàticament.

Nosaltres, els catalans, hem quedat relegats com a simples espectadors, ja que ara mateix no disposem d’eines macroeconomiques al nostre abast. Però potser l’any que ve tenim l’opció de votar, votar per tenir més llibertat però també més responsabilitat. Abans que actuar com si ja ho sabéssim tot, crec que és millor estar disposats a escoltar les recomanacions dels experts internacionals i reflexionar-hi. Com a mínim, aquesta és la mena d’actitud que voldria veure en un país que considero com a propi.

L'article que va publicar el diari Ara el dissabte 17 de agost de 2013.

dimarts, 13 d’agost de 2013

Ves-te’n a fer...........Cauletes!

La setmana passada vaig participar en un col.loqui que em va resultar curiós i interessant a parts iguals. Era curiós perquè tractava de l´estrena de una nova moneda, la cauleta, un invent de l'artista (i veí meu a Les Escaules) Joan Casellas.



En Joan havia pensat l´ estratègia de fer aparèixer una moneda local com a mitjà per evitar la retallada de la subvenció a la qual ha estat sotmès el nostre petit festival de Art Performance, La Muga Caula. Naturalment la iniciativa, ara, és purament simbòlica, una declaració d´intencions.



Malgrat això, la idea em va semblar molt interessant, perquè escoltant els altres conferenciants, vaig adonar-me del potencial que poden tenir les monedes locals, tant culturals com socials, en un país com el nostre on l´economia ha caigut en una gran depressió que conviurà amb nosaltres vés a saber fins quan. Un país que no té moneda pròpia per imprimir i on el govern està enfrontant una crisi de liquiditat brutal. M´explico:

Al meu parer, l´idea de les monedes alternatives no és, ni pot ser de cap manera, bescanviar les monedes oficials emeses pels bancs centrals. Però sí que pot complementar-les quan la circulació d´aquestes es veu limitada o bé per l´incapacitat del sector financer de generar crèdit o bé per la manca d´un banc central propi. Malauradament, el nostre país pateix totes dues d´aquestes desgràcies i es queda sense mesures per aplicar, en qualsevol cas han de venir del Banc Central Europeu.



Com a resultat el mecanisme monetari està trencat i el crèdit a les empreses (que és una mesura massa monetària) cau en picat. Tanmateix als governs, tant el de la Generalitat com el de l´Estat passa el mateix. Al ser sotmesos per un procés de reducció del dèficit, el volum del diner que es posa en circulació des del sector públic està baixant any rere any.

I la situació a les llars tampoc és la millor, donat la taxa d´atur d´un 27% i uns ingressos salarials minvants. Llavors més enllà de les coses cojunturals, queden unes preguntes importantíssimes que ens cal fer en el moment de fer reflexions sobre el futur. Que en podem esperar de la anomenada “ recuperació econòmica”?. No gran cosa segons l´últim informe del Fons Monetari Internacional.



Per tant, és lògic si comencem a acceptar que no tenim per davant una recuperació dels tipus que les anàlisis més simplistes suggereixen, que hem de buscar més solucions.

El creixement que podem esperar serà, en el millor dels casos, força més modest i la gran incògnita és fins a quin punt n´hi haurà prou de baixar l´atur del nivell actual.

Gens, sembla ser la proposta del FMI, que situa l´atur a l´estat espanyol en un 25% arribat l´any 2018.

Llavors, si “una solució” en majúscula no existeix als nostres mals, hem d'anar cap a iniciatives més pragmàtiques i fetes a mida. És aquí on apareixen les monedes alternatives.

Tenim molta gent aturada, gent que no perden només el seu temps, perden les seves vides i el capital humà que han anat acumulant. Que no existeixi demanda efectiva (monetària) no vol dir que la nostra societat no tingui necessitats. Les monedes alternatives van tenir una vida extensa als Estats Units als anys 30 del segle passat, precisament per aquesta raó, per posar en marxa la capacitat treballadora de la gent quan l´economia no generava prou liquiditat per fer-ho per si sola. No té cap sentit pagar 400 euros al mes a persones (de les quals no pots viure) per no fer res. Pagant quantitats suplementàries en monedes locals per fer feines socials, podria ser una forma per avançar en aquest tema, val la pena estudiar-ho.

Una altre àrea de possible aplicació està relacionat amb les atencions a la gent gran. L´envelliment de la població implica que el seu pes demogràfic sobre la societat serà cada cop més gran. Llavors, encara que no hi hagin més retallades (suposem-ho), el nivell del servei no serà el mateix amb el pas dels anys. Què podem esperar del nostre sistema de benestar d´aquí a vint anys de la gent que ara té 65 anys?

Precisament degut a aquest problema al Japó (que és el país amb un index de longevitat més alt), estàn posant cada cop més monedes socials a través de les quals persones ja jubilades que col·laborin amb feines d´ajuda a gent més gran reben drets socials per ser atesos quan ho necessitin.

Doncs, em sembla que val la pena estudiar fins a quin punt aquest tipus d´iniciativa pot tenir rellevància en el futur al nostre país. Com va dir el conferenciant Peplluis de la Rosa, catedràtic a la UDG, al final de la seva presentació “ don´t feel fear, complementary currencies are here”



L'article que va publicar el Diari de Girona el dissabte 10 de agost de 2013 en el suplement Economia i Empresa

diumenge, 11 d’agost de 2013

Quin Futur Ens Espera Quan S’Acabi La Recessió?

Segons les últimes dades del Banc d’Espanya, l´activitat en l’economia espanyola va caure un 0,1% durant el segon trimestre i havia baixat un 1,8% comparat amb els números de fa un any. Com que la velocitat de caiguda ja porta varis trimestres reduïnt-se, és evident que la recessió actual està acabant. En algún moment o altre veurem com a mínim un trimestre de creixement.

Però tots aquells que tenen memòria que va mes enllà de la setmana passada, recordaran que ja hem estat aquí abans. En la segona meitat del 2009 per ser precís, l’època dels brots verds, efectivament l’economia espanyola va créixer entre el principi de 2010 i mitjans de 2011 abans de finalment caure en la recessió actual. Les economies tenen cicles i ara tot indica que estem davant d’una nova ona expansiva a nivell global. Naturalment el sector d´exportacions ja va bé i pot beneficiar addicionalment d’aquest augment en demanda externa.

Per contrapartida, en tot allò que es refereix al consum intern, que va baixar un 0,4% en els últims tres mesos, no sembla que el futur canviarà gaire i romandrà en dinàmica negativa, llastat per salaris més baixos, una taxa d´atur d’un 27% i un munt de deute privat.

Segurament estem a punt de tenir bones notícies sobre l’atur i l´ocupació. El primer no pujarà tan ràpid com abans i pot tocar sostre al llarg d’aquest any, mentre que el segon no desapareixerà amb la mateixa velocitat. Però de moment, sent realistes, som lluny de baixar la quantitat d´aturats de forma significativa i lluny de generar creixement sistemàtic en els llocs de treball. La trista realitat es que tots els problemes de fons encara hi són. Espanya té un deute extern al voltant d´un 90% del PIB que serà difícil de pagar. Hi ha un estoc d´habitatges impressionant – segons els consultors madrilenys RR de Acuna encara queden uns 2,2 milions d’unitats buscant comprador. Els preus de cases i pisos no deixen de baixar – fins ara han caigut un 38% segons els taxadors TINSA. A més a més tenim un sistema financer que segurament necessitarà com a mínim una reforma més a mesura que la taxa de morositat vagi pujant.

Mes enllà de coses purament conjunturals queden unes preguntes importantíssimes que hem de fer en el moment de confeccionar reflexions sobre el futur.

Es evident que el conjunt dels països desenvolupats tenen un nou “normal” de creixement després de la crisi, en part perquè els nivells d´endeutament que fomentaven els números anteriors no eren sostenibles, però en part perquè les poblacions estàn envellint a tot arreu. Sobretot la franja de gent en edat de treballar ha tocat sostre i a partir d´ara començarà a baixar. Això vol dir que a mig termini gairebé tot el creixement haurà de venir dels guanys de productivitat degut que la quantitat de gent treballant baixarà.

Per tant, es lògic si pensem en aquests factors, que no tenim per davant una recuperació del tipus que els anàlisis mes simplistes suggereixen. El creixement que podem esperar serà, en el millor dels casos, bastant més modest i la gran incògnita es fins a quin punt serà suficient de baixar l’atur del nivell actual de 27%.

I d’aquí ve un altre factor que pot influir negativament en el creixement a llarg termini. La falta de feina esta forçant molts joves de deixar el país, amb la conseqüència que la baixada de la força laboral serà encara mes gran en el futur.

I si tots aquests dubtes foren pocs, encara tenim una crisi a escala europea que no s’ha acabat, com els esdeveniments recents en Grècia i Portugal revelen. De moment tothom esta a l’espera dels comicis alemanys al setembre, però després no falten carpetes calentes sobre la taula que poden fer que les brases es tornen a encendre amb conseqüències del tot imprevisibles per les economies espanyoles i catalanes. Tot plegat una postura prudent i mesurada es el que convé en aquestes circumstàncies. Pot ser que una recessió està acabant, però la crisi segueix. L'article que va publicar El Punt Avui el diumenge 11 de agost de 2013 en el suplement l'Economic.